Weblog del Sr. Cortade

15 January, 2005

“Gemello Minore distaba mucho de Roma y aún más de Londres…”

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Falta en mi estanteria, porque mi padre lo ha cogido, un libro de los que me marcaron. Lo puede coger cuando quiera, para eso es suyo. Soy yo el que me lo he adueñado.
Se trata de El Abogado del Diablo de Morris West. No conviene dejarse llevar por el título. No tiene nada que ver con el demonio y cosas así, ni con una película que se llama igual y que no he visto.
El argumento es sencillo. Un sacerdote del Vaticano, pero inglés de nacimiento, se enfrenta a un cancer terminal. Como último trabajo, será enviado ejerciendo de “Abogado del Diablo” o Promotor de la Fe en un caso de beatificación a un pueblo calabrés (Sur de Italia) paupérrimo y aislado. Tendrá que investigar la vida del supuesto santo, Giacomo Nerone, a partir de los recuerdos de una serie de personajes que lo conocieron: una mujer excepcional, un médico judío, una extraña condesa, un pintor excéntrico, el párroco del pueblo…
Antes de empezar el libro uno puede pensar que va a ser el típico rollo sobre los tejemanejes del Vaticano, ocultando pruebas sobre milagros, pero no hay nada de eso, o por lo menos no en el sentido que se le suele dar. Cuando se lee este libro lo único que se encuentra uno es con los sentimientos de sus personajes. Con la búsqueda del sentido de su propia existencia del cura protagonista al comprender que se acerca su muerte.
Ya más personalmente, cuando me leí este libro me sentí bastante identificado con el Doctor Aldo Meyer, el médico judío que tuvo que huir al sur durante la II Guerra Mundial. Me cogió en un momento de desencanto.

El abogado del diablo

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