La sombra de R. es alargada
Vuelvo por aquí. Cinco meses y un día de ausencia. El día 14 de febrero (Ohhh) escribía aquí por última vez. Ese día no estaba pensando en el santo patrón de los enamorados precisamente. Tenía una cita con mis amigas las microondas. El último examen de los tres a los que me presentaba. Había estudiado bastante, eso es verdad, pero algunos como “nuestro pequeño”, saben que es de esas asignaturas para las que no vale con haber estudiado. Iba con la intención de hacer un papel digno (un 4 sería un gran resultado) y quizá la ausencia de presión ayudó. El caso es que desde entonces tengo medio título de Ingeniería Electrónica en el bolsillo ya que fui uno de los Elegidos.
Ese día también hacía un mes que había dejado de trabajar para R. Aunque quisieron que me quedara y me renovaron de hecho, no iba a disponer de tiempo en un segundo cuatrimestre repleto de laboratorios y PFC incluido. Es más, me ofrecieron un posible trabajo en la competencia (como diría el Rul, si no me pagan me voy al Milan), esta vez ya no precisamente de “chico-de-las-fotocopias”. Quizá dentro de poco me esté dando de cabezazos por haberlo rechazado, pero uno a veces siente que no toma las decisiones sino que las decisiones le toman a él, y que no hay vuelta de hoja. Era mucho dinero para un “junior” pero no era lo que me gustaba y para lo poco que me quedaba de carrera mejor conseguir el titulo. Más adelante ya haré alguna llamadita en cualquier caso y si suena la flauta pues fenomenal.
Sigo siendo un chico R. al fin y al cabo ¿no? O al menos me lo recordaba el otro día Noether. Tras la operación que me tiene aquí en mi casa reposando (vacaciones por prescripción médica), me preguntaba en un sms si las enfermeras que R. había elegido personalmente para mi eran de mi agrado. Ya te digo. Sin duda R. fue uno de los grandes personajes del primer cuatrimestre, que por otra parte dio muchos grandes personajes. Un italiano que soltaba frases como “del trabajo sucio ya me encargo yo, tu dame un nombre y un número de teléfono”. Moreno que te cagas hasta en noviembre y elegante a tope, con él no podíamos dejar de caer en el tópico del mafioso. Así que Noether y yo decidimos que éramos sus chicos y que hacíamos encargos para él. A cambio de ello teníamos su protección, porque a sus chicos “no les podía faltar de nada”. Una llamadita suya y tenía Microondas aprobada. Con esas historias que nos montábamos echábamos la mañana en la corporación. Con eso, con el café de los becarios que se prolongaba algo mas de 10 minutos, y con alguna visita al Departamento de la Felicidad (RRHH, of course). También hacía alguna fotocopia de vez en cuando. Esto último de las fotocopias lo digo en broma, si que es cierto que aprendí bastante del oficio y algunos días tocó currar (“sssschisss becario!!! trabaja!!!!!”, gritaba Luis simulando el ruido de un látigo).
Todo eso lo dejé atrás al empezar el segundo cuatrimestre.

